sábado, 26 de julio de 2014

14 de Julio.

14 de Julio, en víspera de un día húmedo y suave que protagonizó unas escenas muy decadentes en mi historia cotidiana.
Andrés, que por las mañanas salía a jugar con sus amigos que encontraba, en el suelo duro y asfaltoso, saltaba dando pasos en son de los segundos dejando correr el día muy aprisa; era el niño con la mirada tierna y amigable, dulce y pequeña calamidad, dejase llevar por la sazón de sus antojos, era mi amigo abandonado que jugaba para conseguir una sonrisa de angel y placía los sentidos en las olas del viento, así era él, más que un amigo.
Venía a saludarme por las noches, todas las noches en el oscuro cielo sin luz, yo lo abrazaba siempre dando caricia a su alma de niño confundido, mi amigo de rostro adorable.
Hoy, no lo vi moverse, no vi sus rastros en el suelo, hoy no lo vi venir.
Andrés postraba su cuerpo en una cama desde la noche anterior, uno que otra algarabía regaba sus notas en  la presencia de su madre. Día y noche, mañana y tarde, disimulaba estar bien, pero mi amigo sigue sin moverse y solo me ve con el gozo de su corazón aplaudiendo mi visita.
-Que te pasó, -exclamé, con un tono sobresaliente saliendo un poco de tristeza en mis vistas-, y aunque no me escuchen tus oídos, puedes ver mis labios y ves que no mienten las palabras que forma el aire delante de esos ojos sumidos.
Estaré aquí y pelearé mi batalla para que mi amigo se levante y me abraze de nuevo con la nobleza que protagonizó desde su nacimiento.
Llega tu madre preocupada del trabajo del día y solo mira a la inseguridad moviendo la cabeza y torsiendo la quijada. Deme permiso de quedarme con su hijo por favor, -le rogué-, todo el tiempo que sea necesario, yo lo cuidaré como lo hace Jesús mientras usted genera su rutina.
Primera noche sentado en medio de ti, cuando en uno de esos silencios aprietas mi mano y un mundo de imaginación se transforma en sueño, en la noche estoy bien antes que el sol vuelva a estar encina de mi.
Te hablo en el momento que el firmamento me lo pide y me respondes cuando me quedo dormido junto a ti.
Siete días desde la última vez, como los ojos de una flor marchita me siento, como cuando termina una canción muy despacio voy abriendo mis ojos y como una canción muy despacio dices mi nombre, sin moverme pero muy asustado no te encuentro y no te veo, a la adversidad de la mañana lenta se opacan mis vistas y son tus pequeñas manos muy frescas tapando mis ojos y dando alivio a todo lo que parecía ser caprichoso.
-Gracias por estar siempre conmigo, recalcó-.

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