sábado, 26 de julio de 2014

Monte o Andes.

Tenía un poco de cansancio aquella noche resfriante, pero mis antojos melancólicos hablaron despacio;
-"es muy temprano para introducirme en el laberinto de los sueños humanos".
Entonces vinieron así tus notas muy aprisa en el aire que respiraba, seguidamente y más pronto introduciste tus ojos en los míos, sí; esos ojos tan transparentes y húmedos como el agua, esos ojos hermosos se parparon en los míos como profundidad en el océano. Tan aprisa, aún sin conocerte yo pienso que traes
dibujado la imagen de la realeza, pero en realidad yo quiero un pequeño espacio contigo, salgamos un momento a fuera a perdernos en el margen de los jardines que lanza cada incomprensible dolor.
Despierto y saltó en mí un gemido a golpe, desgarrando la mitad de los ensueños en una noche tormentosa; de seguro regresa de nuevo tu luminosidad a empañar mis vistas, con tan solo pensarlo me asombro de este extraño desvanecimiento.
Bueno, recostado con el abrigo de nostalgia y serenidad de esta terciada cama, voy a escribir con lentitud un mínimo de tu nobleza; esa que marca asombros en la gente sobre todo en la fiel, cuidando de tu ternura, cuidando de tu atención, cuidando el apoyo que desde el comienzo estuvo conmigo eternamente, rodeando los cesos de mi cabeza empezaré...
Desde el inicio primario del año, al acercarte estuviste plasmado con muchísimo asombro, como un halo de tanto cariño, siempre seguías siendo eficiente pese a la caída de tus días, de eso no tengo la menor duda, y  cada vez disfrutaba manteniéndome con alegría en mis labios. Era increíble cada momento en que lograba leer tus promesas, con certeza me hablabas la palabra que llegaba a divalgar hasta el fondo de mis penas y marcaba como a fuego en mi piel, desde lejos, desde muy antes atrás habías llorado y torpemente yo estaba triste, parecía un ciego sin saber que hacer, pero felizmente contraje tu atención.
Muy a menudo distraje mi soledad sumergiendome impacientemente como una estrella arrojada del espacio al vacío sepulcral, era una rareza que se perdía generalmente cuando trataba llamar la atención de los incrédulos, mira tú buen niño inocente y hasta a veces escogido del cielo que traes la maravilla en esos ojos quebrantados, andas como las piedras escondiendo debajo tus limites de bondad y muy suave atraviesas cada instante otorgando el cariño en las ánimas dolientes.
Es por eso que Dios le dio ese brillo de contraste en sus ojos alineando sus cejas de oro, marcando una mirada de angel. Muy muy pronto andarás por las zarzas verdosas jugando en medio de un horizonte con un arco de bellos colores, eso que siempre imaginaste en tus tardes congeladas, ahí será registrado el temblor hecho por ti.
Si un día me hablas, yo te hablare con alegría, sin notarlo cambias cada registro de mis huellas, mientras tanto no pierdas esa dulzura que existe tras tu pecho.
Con asombro de parte de Dios, S. M. H.

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