domingo, 17 de agosto de 2014

Mente sobre rodillas.

Muy altas las horas a veces, esas veces donde el alma no duerme y el cuerpo queda atrapado en una jaula, el movimiento circular repitiendo su desorden,... solo quiero ir a casa.
El niño está cansado esperando a que termine la noche,
Quien vino con él, repito, quien vino con él,... solo quiere ir a casa.
Siguiente hora, es la pestaña dando su último adiós
Abrir y cerrar la penumbra, el niño es llevado por un ángel antes de llegar,... déjeme ir a casa.
Toma esta bebida antes de que vengan por ti.
No mires el sol de noche
No escuches a las personas, ellos quieren lastimarte,
ve primero si quieres llegar a casa.

Casaca azul.

La última vez te sentaste en el asiento de en medio,
en el oscuro movimiento sentía tu seriedad.
Siempre quise contraer tu atención
dando un antojo ensoñador.
Ya es tarde y yo tengo que detenerme aquí
pero no quiero olvidarte,
pronto nos encontraremos y seremos desconocidos en la multitud.
Sin pensar viniste a tu pelea, a veces sucede lo que digo,
delante está el amor con su sonrisa seria
y es imposible no fijarme.
Me equivoco a veces cuando me enamoro,
cuando mis sentimientos son verdaderos,
si pensaras lo mismo que yo, vendrías a sentarte conmigo.
Sé que tengo que detenerme
hasta aquí llegó
pero no quiero olvidarte,
pronto nos cruzaremos y yo me fijaré en tu mirada
O pelearé por ti.

¿Quien me deja ver?

Ya la noche se vestía de naranja mientras que la mitad de la luna dormía llanamente en una nube y las estrellas salían de sus huertos para dejarse ver en la mitad del mundo. El mar con su transparencia arroja su última belleza a la orilla y que te digo de las personas, sólo piensan a cada rato.
Hierro, en los pies de mi Rey domina nuestro territorio.
Giran los pétalos de la flor en medio del mundo, mientras que en una parte cubrían mi cuarta luna.
Sigue el hombre con su ilusión, como aquella chica que le gusta mirar el cielo pensando en sí y esto no va a parar.
Hierro somos tú y yo a los pies del Rey, tú y yo a los pies está nuestro escudo.

Extravagante.

Y esta vez volvió a hablarle, a los que se quedaron dormidos reclamando un juramento, y estando descansando se levantaron, uno detrás de uno; sin sentir nada, y estando de pie sólo hacían caso al que los llamaba. Perdidos en la sombra, vagaban rumbo al horizonte porque el amor los quería, el alma se dejó ver por cada luz que formaban sus pasos y el amor volaba dando una sonrisa al infinito cielo.
Aún los ecos enamorados de las dos personas que parecían extraer fuego de la tierra, clamaron a sus voces aumentando el sonido en cada oído, guardando unas palabras; el amor perdura por siempre.
Y ya teniendo esas palabras en los celos de su corazón, se recostaron y cayendo desde el cielo despertaron dando un beso al que le había hablado.

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